"Isquemia-Reperfusión: El
enemigo que despierta al liberar al paciente"
Alejandro Gómez. Md EMT-P (EMERCRIT)
En el caos de
una catástrofe natural, bajo los escombros de un edificio colapsado, en el
atrapamiento de un accidente vehicular o en un torniquete con más de 6 horas de
colocación, existe una amenaza silenciosa que espera el momento de la
liberación: el síndrome de aplastamiento prolongado. La fisiopatología en
movimiento que comienza con la compresión muscular prolongada y culmina con la
muerte celular, liberación masiva de toxinas, acidosis, hiperkalemia,
rabdomiólisis y, en muchos casos, falla renal aguda y paro cardíaco.
Lo paradójico
del síndrome es que el daño más letal no ocurre durante el atrapamiento, sino
al momento de liberar al paciente. Esa aparente salvación se convierte, si no
se anticipa y maneja con precisión, en la sentencia definitiva. Y lo más
crítico es que, en entornos prehospitalarios y zonas agrestes, esta situación
representa un reto clínico, logístico y ético de primer orden.
Breve recuento histórico: Bywaters y el origen del síndrome
El síndrome de
aplastamiento fue descrito por primera vez por el médico británico Eric
Bywaters durante los bombardeos a Londres en la Segunda Guerra Mundial. En
1941, Bywaters atendió a numerosas víctimas que habían sido rescatadas con vida
tras quedar atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados durante los
ataques aéreos alemanes.
Lo que le llamó
la atención no fue solo la naturaleza traumática de las lesiones, sino que
muchos de esos pacientes, a pesar de haber sido rescatados, morían horas
después por una falla renal súbita y severa. En sus observaciones clínicas y
análisis post-mortem, Bywaters identificó un patrón: la destrucción muscular
liberaba grandes cantidades de mioglobina, potasio y productos de necrosis
celular al torrente sanguíneo, lo cual inducía rabdomiólisis, hiperkalemia
letal y necrosis tubular aguda.
Sus
investigaciones sentaron las bases para entender este fenómeno como un síndrome
sistémico post-compresión, con consecuencias devastadoras si no se trataba con
volumen precoz, medidas protectoras renales y control del potasio.
Desde entonces,
el llamado Crush Syndrome pasó de ser una rareza de guerra a una entidad
clínica crítica reconocida en desastres naturales, accidentes industriales,
conflictos armados y escenarios de atención prehospitalaria prolongada.
Fisiopatología
Cuando una parte del cuerpo, típicamente
una extremidad con gran masa muscular queda atrapada y comprimida durante un
tiempo prolongado (el "aplastamiento"), ocurren dos cosas
principales:
Daño Tisular Directo: La presión mecánica
destruye células musculares (rabdomiólisis).
Isquemia: La compresión obstruye el flujo
sanguíneo hacia y desde la zona afectada. Se corta el suministro de oxígeno y
nutrientes, y se impide la eliminación de productos de desecho metabólico.
Aquí es donde dividimos el proceso en dos
fases clave, que son determinantes no solo para entender en detalla la
fisiopatología sino para anticiparse a las complicaciones y poder intervenir de
forma adecuada
Fase 1: Isquémica
Durante la fase
isquémica del síndrome de aplastamiento —es decir, mientras el paciente aún
permanece atrapado bajo una carga que comprime sus extremidades— se desencadena
un proceso biológico de destrucción progresiva, silenciosa y letal si no se
anticipa. A nivel tisular, la falta de oxígeno interrumpe el metabolismo
aeróbico normal de las células musculares, obligándolas a depender
exclusivamente del metabolismo anaerobio. Esto implica una producción
drásticamente reducida de ATP y la acumulación de ácido láctico en el espacio
intracelular, generando un entorno ácido y disfuncional.
El déficit energético
afecta directamente el funcionamiento de las bombas iónicas dependientes de
ATP, en especial la bomba sodio-potasio (Na⁺/K⁺ ATPasa). Al fallar esta bomba,
el sodio se acumula dentro de las células, lo que arrastra agua por gradiente
osmótico y provoca edema celular. Al mismo tiempo, el potasio se fuga al
espacio intersticial, donde permanece contenido debido a la falta de perfusión.
Simultáneamente, la pérdida de la homeostasis del calcio intracelular permite
una entrada masiva de este ion, activando enzimas como proteasas y
fosfolipasas, que aceleran la destrucción de membranas, orgánulos y proteínas
estructurales.
Lo que sigue es la
lisis celular progresiva, o rabdomiólisis. La membrana sarcoplasmática colapsa
y libera al entorno intersticial una mezcla tóxica de contenido intracelular:
potasio en cantidades masivas, mioglobina (cuya nefrotoxicidad se potencia en condiciones
de hipovolemia y acidosis), fósforo, ácido úrico, ácido láctico y niveles
marcadamente elevados de creatina quinasa (CK). Incluso se liberan sustancias
procoagulantes como la tromboplastina, que pueden contribuir a fenómenos de
coagulación intravascular si alcanzan la circulación sistémica.
Sin embargo, durante esta fase inicial, la circulación hacia la extremidad aplastada está tan severamente comprometida que el contenido celular liberado permanece confinado en el compartimento afectado. Paradójicamente, el paciente puede parecer hemodinámicamente estable, e incluso conversar con normalidad, a pesar del daño tisular masivo que está ocurriendo a nivel microscópico. Esa calma clínica es engañosa. El verdadero riesgo se libera con el flujo sanguíneo, cuando la extremidad es descomprimida y toda esa carga tóxica es arrastrada de golpe hacia la circulación central, dando lugar a la segunda fase crítica: la reperfusión.
Fase 2: La Reperfusión
La amenaza real no comienza con el
atrapamiento, sino con su liberación. Justo cuando parece que todo mejora, al
retirar la compresión que mantenía aislada la extremidad, no solo se restablece
la circulación: se desencadena una violenta tormenta bioquímica. Cuanto más
prolongado fue el período de isquemia, más intensa y peligrosa será esta
respuesta. Esta es la fase de reperfusión: el momento en que un enemigo
silencioso, contenido hasta entonces, se libera con todo su potencial
destructivo y comienza a comprometer al resto del cuerpo.
Durante la isquemia,
el daño había sido local. Ahora, con el retorno del flujo sanguíneo, todo el
contenido tóxico acumulado —iones, proteínas, ácidos y enzimas— entra
abruptamente en la circulación sistémica. Este fenómeno, conocido como lavado o
“toxic flush”, es el responsable directo de muchas de las muertes súbitas en
pacientes rescatados de escenarios de aplastamiento. Lo que estaba confinado
ahora se libera: potasio en cantidades letales, mioglobina, ácido láctico,
fósforo, tromboplastina, creatina quinasa y ácido úrico se diseminan por todo
el cuerpo en cuestión de segundos.
A nivel local, el
retorno del oxígeno genera una respuesta paradójicamente destructiva. Las
células lesionadas, al reoxigenarse, producen especies reactivas de oxígeno (ROX)
que desencadenan un estrés oxidativo intenso. Estos radicales libres lesionan
membranas, proteínas y ADN, exacerbando la muerte celular. Además, la llegada
masiva de leucocitos, especialmente neutrófilos, potencia la inflamación local
y sistémica, liberando más mediadores inflamatorios, enzimas proteolíticas y
citocinas.
La permeabilidad
capilar, ya alterada por la isquemia, se multiplica tras la reperfusión,
generando un escape masivo de líquidos y proteínas hacia el intersticio. Esta
extravasación no solo provoca un edema local de gran magnitud —capaz de
desencadenar un síndrome compartimental— sino que también reduce el volumen
circulante efectivo, empujando al paciente hacia un estado de hipovolemia
crítica y shock.
A nivel sistémico, las
consecuencias son devastadoras:
- Hiperkalemia severa, el evento más temido, puede precipitar
arritmias letales en segundos: ondas T picudas, ensanchamiento del QRS,
fibrilación ventricular o asistolia. Es la primera causa de muerte
inmediata tras la liberación.
- Lesión renal aguda por mioglobinuria: la mioglobina filtrada
en un entorno de hipovolemia y acidosis precipita en los túbulos renales,
bloqueándolos y desencadenando necrosis tubular aguda.
- Acidosis metabólica profunda, producto del ácido láctico y otros metabolitos,
que compromete la función cardíaca y agrava la toxicidad del potasio.
- Hipocalcemia, resultado del depósito de calcio en el
tejido necrótico y su quelación con fosfato, puede generar tetania,
convulsiones o contribuir a las arritmias.
- Coagulación intravascular diseminada (CID), favorecida por la liberación de
tromboplastina y la activación endotelial, puede desencadenar sangrados
masivos o fenómenos trombóticos multiorgánicos.
- Y como si fuera poco, la inflamación
sistémica desatada puede desembocar en un síndrome de dificultad
respiratoria aguda (SDRA), complicando aún más el cuadro clínico con
hipoxemia refractaria.
Todo esto ocurre en un
paciente que minutos antes parecía estable. La reperfusión, entonces, no es
solo el retorno de la sangre: es la apertura de una caja de Pandora bioquímica.
Anticiparla, prevenirla y tratarla agresivamente es la única forma de cambiar
el destino de estos pacientes.
Tiempos Críticos en
el Síndrome de Aplastamiento
La duración de la isquemia muscular es uno de los determinantes más
importantes de la severidad del síndrome de aplastamiento, pero no existe un
umbral universalmente seguro. Tradicionalmente, se ha considerado que un tiempo
de compresión superior a 4 a 6 horas aumenta significativamente el riesgo de
complicaciones metabólicas y sistémicas, especialmente rabdomiólisis,
hiperkalemia letal y lesión renal aguda. Sin embargo, múltiples estudios y
reportes clínicos han demostrado que la severidad del síndrome no depende
únicamente del tiempo, sino también de factores como:
- La masa muscular comprometida (por ejemplo, muslos vs. antebrazos),
- La intensidad de la presión (aplastamientos con estructuras pesadas
vs. atrapamientos leves),
- El estado previo del paciente (hipovolemia, comorbilidades, estado
nutricional),
- La temperatura ambiental (que puede modular el metabolismo y el
daño celular).
Se ha documentado que la reperfusión de extremidades comprimidas por
menos de una hora puede desencadenar colapso cardiovascular en escenarios con
compresión masiva. Esto sugiere que no existe una línea de tiempo segura
y que incluso compresiones breves pueden ser letales si no se anticipan y
mitigan las consecuencias metabólicas.
El momento de la liberación es el verdadero punto de inflexión fisiopatológico. La reanudación del flujo sanguíneo activa la fase de reperfusión, transportando súbitamente al sistema circulatorio un "bolo" tóxico de potasio, mioglobina, ácido láctico y otros metabolitos acumulados. Esta transición puede precipitar arritmias fatales, shock hipovolémico y falla multiorgánica si no se anticipa adecuadamente.
Inicio de Complicaciones:
- Arritmias por Hiperkalemia: Pueden ocurrir segundos a minutos después de la liberación.
- Shock Hipovolémico: Se desarrolla rápidamente en las primeras horas post-liberación.
- Lesión Renal Aguda: Se manifiesta bioquímicamente en horas y clínicamente en horas a días.
- Síndrome Compartimental: Puede desarrollarse rápidamente tras la reperfusión y el inicio del edema masivo.
La fisiopatología es una bomba de tiempo bioquímica que se activa al restaurar el flujo sanguíneo. Los "tiempos críticos" se refieren tanto a la duración del aplastamiento (que determina la carga tóxica) como al momento crucial de la liberación y la rapidez con la que se inician las intervenciones médicas para mitigar las consecuencias sistémicas.
Antes de liberar una
extremidad atrapada durante horas, comienza una carrera contra el tiempo y
contra la fisiopatología. Esta fase, que muchas veces es subestimada por
parecer “prehospitalaria” o “previa”, es en realidad la más determinante. Lo
que ocurra en esos minutos antes de la reperfusión puede marcar la diferencia
entre la vida y la muerte. A diferencia de otros síndromes clínicos, el de
aplastamiento permite cierta capacidad de anticipación. Sabemos lo que vendrá.
Sabemos que al liberar la compresión, se desatará una tormenta bioquímica. Por
eso, la medicina debe adelantarse.
La primera medida, la
más urgente, es la expansión volémica agresiva. Antes de liberar, el paciente
debe recibir cristaloides, idealmente solución salina al 0.9%, en volúmenes
generosos. Un litro, dos litros, o lo que el contexto permita, pero nunca nada.
El objetivo es doble: diluir las toxinas que serán arrastradas hacia la
circulación sistémica y proteger la perfusión renal frente al caos metabólico
que se avecina. No es solo prevención: es contención fisiológica anticipada. En
contextos militares o remotos, esta medida se prioriza incluso por encima del
rescate, cuando el contexto lo permite.
En paralelo, la
monitorización cardíaca se vuelve crítica. La hiperkalemia, silenciosa durante
la isquemia, se convierte en asesina apenas se restablece la circulación. El
monitoreo continuo permite identificar cambios tempranos en el
electrocardiograma —ondas T picudas, ensanchamiento del QRS, bradicardia— que
podrían justificar intervenciones inmediatas. En casos de riesgo alto, la
administración profiláctica de gluconato de calcio intravenoso puede estar
justificada, buscando estabilizar la membrana miocárdica antes de que el
potasio haga su daño.
Si el paciente
presenta acidosis o el atrapamiento ha sido prolongado, debe considerarse la
alcalinización. El bicarbonato de sodio diluido puede prevenir la precipitación
de mioglobina en los túbulos renales, uno de los eventos fisiopatológicos más
letales del síndrome. Además, neutraliza la acidosis láctica acumulada durante
la isquemia, que al igual que el potasio, se libera en masa tras la
reperfusión.
Otro punto que no
puede pasarse por alto es el riesgo de síndrome compartimental. La reperfusión
masiva de una extremidad lesionada produce edema severo. Cuando este edema se
desarrolla dentro de compartimentos fasciales inextensibles, la presión aumenta
hasta comprometer nervios, vasos y músculo. Debemos estar alerta a signos
clínicos como dolor desproporcionado, tensión palpable, parestesias o ausencia
de pulso. La fasciotomía puede ser la única salvación para el tejido amenazado.
Finalmente, no se debe
olvidar el contexto global del paciente. La temperatura corporal, el estado de
conciencia, la posibilidad de intoxicaciones concomitantes o trauma
craneoencefálico, y la preparación logística para la liberación forman parte de
la escena. Liberar no es simplemente retirar una carga: es el acto médico que
inicia la fase más peligrosa del proceso.
Toda extracción debe
ser planificada. El equipo debe estar coordinado, con acceso venoso asegurado,
líquidos corriendo, desfibrilador listo y una estrategia clara. Porque cuando
liberes, el enemigo despierta. Y entonces, no hay espacio para improvisaciones.
Extracción y gestión en el lugar del evento: Una carrera contra el tiempo y el colapso
La atención a víctimas
con lesiones por aplastamiento comienza mucho antes del traslado o de cualquier
intervención avanzada. Comienza en el lugar del desastre, donde cada minuto
cuenta y cada decisión puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En
estos escenarios, la extracción y el manejo inicial son tan críticos como el
tratamiento hospitalario.
En situaciones
aisladas —como accidentes vehiculares o derrumbes localizados— la atención
prehospitalaria puede ser provista rápidamente por transeúntes, primeros
respondientes o servicios médicos de emergencia (SEM). Pero en contextos de
catástrofe, donde cientos o miles de víctimas quedan atrapadas bajo estructuras
colapsadas, la magnitud del reto se multiplica. Terremotos, explosiones,
deslizamientos y atentados pueden generar un escenario de múltiples víctimas
atrapadas, donde los recursos se ven desbordados y los protocolos estándar
deben adaptarse al caos.
En estos casos, el
despliegue de equipos especializados como USAR (Urban Search and Rescue)
es esencial. En Estados Unidos, estos equipos trabajan en conjunto con
bomberos, servicios médicos, fuerzas de seguridad y agencias locales y
federales. Su labor no es solo rescatar: es estabilizar estructuras, acceder a
víctimas confinadas y garantizar la seguridad de todos los involucrados.
La Extracción No
Es Solo Logística: Es Medicina Crítica en Tiempo Real
El tiempo de
extracción está directamente relacionado con la mortalidad. Estudios tras
terremotos en Turquía, Haití y Japón han mostrado que el riesgo de muerte
aumenta exponencialmente después de las primeras 6 horas de atrapamiento. La
mayoría de los sobrevivientes son extraídos dentro de las primeras 24 horas. A
partir de allí, el número cae en picada. Sin embargo, casos documentados han
mostrado supervivencias excepcionales incluso después de 48 horas o más,
especialmente en víctimas atrapadas en “espacios de vida” o huecos
estructurales que permitieron cierta ventilación y protección.
Los niños, los adultos
mayores y los pacientes con comorbilidades tienen menor tolerancia a la
isquemia y mayor vulnerabilidad al síndrome de aplastamiento. Además, las
condiciones ambientales como temperaturas extremas, polvo, toxicidad del aire,
o humedad agravan la situación clínica.
Es importante
reconocer que muchas víctimas fallecen por el impacto inmediato, ya sea
por trauma craneoencefálico, aplastamiento torácico incompatible con la vida, o
asfixia mecánica. Pero otras mueren por causas prevenibles: hipovolemia,
hiperkalemia, rabdomiólisis, o falla multiorgánica, producto de una reperfusión
no anticipada.
Medicina en Espacios
Confinados: Cuando el Hospital Se Mueve a los Escombros
En escenarios de
difícil acceso, muchas veces no es posible retirar rápidamente al paciente. En
su lugar, es necesario iniciar tratamiento dentro del mismo lugar de
atrapamiento. Esta estrategia, conocida como Medicina en Espacios Confinados
(CSM, por sus siglas en inglés), implica que el equipo rescatista
—frecuentemente paramédicos, enfermeros tácticos o médicos entrenados— brinde
medidas iniciales de soporte vital in situ.
En estos contextos
extremos se pueden y deben administrar líquidos IV, monitorizar signos vitales,
anticipar hiperkalemia, colocar accesos venosos intraóseos si es necesario, e
incluso preparar al paciente para una liberación controlada. Aquí no hay márgenes
para la improvisación. El personal debe estar entrenado, contar con EPP
adecuado, y operar bajo estrictos protocolos de seguridad. Las amenazas no son
solo clínicas: el colapso secundario, explosiones, incendios, gases tóxicos o
materiales peligrosos pueden convertir el acto de rescatar en un riesgo vital.
El Rol del Comando
de Incidentes: Seguridad Antes Que Intervención
Toda operación de
rescate debe ejecutarse bajo un Sistema de Comando de Incidentes (ICS).
La seguridad de los rescatistas es prioritaria y no puede comprometerse en
favor de la atención clínica. Las decisiones de acceso, rescate y extracción
deben ser validadas por el jefe de operaciones y el oficial de seguridad. En
estructuras colapsadas, un paso en falso puede significar la vida del
rescatador.
Amenazas Complejas:
Más Allá del Aplastamiento
Aunque los terremotos
son la causa más común de colapsos con atrapamiento, no son los únicos. Los
atentados terroristas, como los ocurridos en Oklahoma City o el 11-S, han
mostrado escenarios donde el síndrome de aplastamiento se combina con trauma
penetrante, quemaduras, lesiones por explosión o inhalación de sustancias
tóxicas. En estos contextos, el diagnóstico y tratamiento deben ser más amplios
y adaptados a la amenaza múltiple.
A esto se suman los factores geográficos: enfermedades endémicas, exposición a vectores, o condiciones de higiene precarias, que pueden afectar tanto a víctimas como a rescatistas.
Monitorización: La puerta de entrada a
la anticipación clínica
Una vez asegurado el
acceso al paciente, incluso antes de la liberación, la monitorización continua
se convierte en el eje central del manejo prehospitalario. No se trata solo de
observar: se trata de anticipar, detectar de forma precoz y actuar con precisión.
En este contexto, no
cualquier monitor es suficiente. El paciente atrapado —en riesgo inminente
de reperfusión, arritmias letales o colapso hemodinámico— requiere un monitor-desfibrilador
multiparamétrico de precisión, con capacidad para:
- EKG en tiempo real con análisis de
segmentos y arritmias.
- Detección inmediata de hiperkalemia
a través de alteraciones sutiles como picos de onda T, ensanchamiento del
QRS o desaparición de la onda P.
- Presión arterial no invasiva (NIBP) con
ciclos frecuentes o automatizados.
- Oximetría de pulso confiable, incluso en
condiciones de perfusión marginal.
- Capnografía: como indicador indirecto de
perfusión y metabolismo.
Cuando el paciente
está a punto de ser liberado, el monitor debe estar ya colocado y
funcionando. Liberar sin monitoría es liberar a ciegas.
En este momento,
también se justifica el uso de sistemas con desfibrilador listo para uso
inmediato, dado que la hiperkalemia puede precipitar una fibrilación
ventricular sin previo aviso. El operador debe estar entrenado no solo para
interpretar, sino para intervenir en segundos, realizando la mejor
terapia eléctrica según sea el caso.
El Torniquete como
Barrera a la Reperfusión: Un Mito sin Fundamento
En el abordaje del
paciente con síndrome de aplastamiento, ha surgido —y lamentablemente se ha
difundido— la práctica de aplicar un torniquete no como herramienta de
control hemorrágico, sino como intento de retrasar la reperfusión de
la extremidad isquémica, con la esperanza de evitar la descarga masiva de
potasio, mioglobina y otros metabolitos tóxicos. Esta idea, aunque bien
intencionada, carece de sustento fisiopatológico sólido y evidencia clínica
robusta que la respalde.
La lógica parece
sencilla, pero es engañosa: si
el problema se origina cuando el flujo sanguíneo vuelve a la extremidad dañada,
entonces bloqueemos ese flujo con un torniquete... pero la fisiología real no
funciona así.
Primero, el
torniquete no es una herramienta precisa para "modular" la
reperfusión. Está diseñado para detener completamente el flujo sanguíneo
arterial en casos de hemorragia extrema, no para aislar químicamente una
extremidad. Su aplicación genera una isquemia más agresiva, sin impedir
la eventual liberación de toxinas cuando sea retirado o se venza su efecto por
tiempo o técnica deficiente. Además, no es realista ni técnicamente factible
acceder al segmento proximal suficiente de una extremidad atrapada bajo
toneladas de concreto o estructuras colapsadas para colocar un torniquete
efectivo.
Segundo, la Guía de
Práctica Clínica (GPC) del Joint Trauma System del Departamento de
Defensa de EE.UU. menciona esta práctica solo como una medida excepcional,
en entornos de recursos extremadamente limitados, donde no se puede
administrar fluidos, ni monitorear, ni preparar para la reperfusión segura. En
estos escenarios extremos —y únicamente allí— se puede considerar como último
recurso en pacientes atrapados por más de dos horas【Sever et al. 2012, 2013】. Pero
incluso en esas condiciones, no hay evidencia clara de beneficio clínico, ni
estudios controlados que avalen su uso rutinario.
Por lo tanto, afirmar
o enseñar que la colocación de torniquetes para "detener la
reperfusión" es una práctica válida constituye una interpretación
errónea del síndrome de aplastamiento. Puede dar una falsa sensación de
control mientras expone al paciente a más daño isquémico, complicaciones por
torniquete prolongado, o incluso a fallas en el rescate.
Los torniquetes
salvan vidas cuando controlan hemorragias. Punto.
Usarlos fuera de esa
indicación clara y validada es introducir más incertidumbre en un cuadro
clínico ya extremadamente complejo.
¿Cuál Líquido
Elegir en el Síndrome de Aplastamiento?
Pocas decisiones en la
medicina crítica prehospitalaria han generado tanto debate como la elección del
fluido de resucitación en el síndrome de aplastamiento. Sin embargo, la
fisiopatología bien comprendida, sumada a la evidencia clínica acumulada, nos permite
hoy tomar decisiones más fundamentadas.
Solución Salina
Normal (SSN 0.9%)
Ventajas
funcionales:
- Es isotónica (aunque ligeramente
hipertónica frente al plasma).
- No contiene potasio (K⁺), lo que ha
motivado su uso histórico frente al temor de agravar una hiperkalemia
letal.
- Su disponibilidad universal y bajo costo
la hacen una opción siempre presente.
Limitaciones
relevantes:
- Su alta carga de cloro puede inducir
acidosis metabólica hiperclorémica.
- La acidosis, lejos de ser neutra, promueve
la salida de K⁺ de las células, agravando la hiperkalemia.
- La hipercloremia también se asocia con
vasoconstricción renal y posible lesión renal aguda (LRA).
- Carece de buffers (como bicarbonato o
lactato) que amortigüen la acidosis metabólica asociada al aplastamiento.
- No contiene calcio, cuyo efecto
estabilizador sobre membranas es deseable en presencia de hiperkalemia.
Lactato de Ringer
(LR) / Solución de Hartmann
Ventajas
clínicamente pertinentes:
- Solución fisiológicamente balanceada, con
electrolitos más cercanos al plasma.
- Contiene lactato, que el hígado puede
metabolizar a bicarbonato, ofreciendo así cierto amortiguamiento de la
acidosis.
- Menor carga de cloro que la SSN, lo que
reduce el riesgo de acidosis hiperclorémica.
- Aporta calcio (Ca²⁺), que, aunque en
pequeñas cantidades, puede contribuir a estabilizar la membrana
miocárdica.
Controversia
central – El Potasio:
La presencia de 4 mEq/L de potasio ha sido motivo de preocupación histórica. No
obstante, este temor se diluye al comparar dicha concentración con el contexto
fisiopatológico del síndrome de aplastamiento, donde la necrosis muscular
libera cientos o miles de mEq de K⁺ al torrente sanguíneo tras la reperfusión.
Ejemplo ilustrativo: 1 kg de músculo necrótico puede liberar hasta
1500 mEq de potasio, cifra más de 300 veces superior a la contenida en un litro
de LR.
Lo que dice la
evidencia:
- Sever et al. (2012) describen niveles de
K⁺ > 8 mEq/L inmediatamente tras la liberación, sin relación con el
tipo de fluido.
- Kozar et al. (JACS, 2018) y el ensayo
SMART (NEJM, 2018) muestran menor incidencia de LRA y mejor perfil
ácido-base con soluciones balanceadas.
- Las guías TCCC (2021) recomiendan
soluciones balanceadas incluso en escenarios de trauma severo.
Conclusión técnica:
El potasio en LR es insignificante frente a la magnitud del síndrome. Evitarlo
por 4 mEq/L es clínicamente injustificado y puede privar al paciente de
beneficios fisiológicos clave.
Otras Soluciones
Balanceadas (ej. Plasma-Lyte)
Diseñadas para ser aún
más fisiológicas que LR. Utilizan buffers como acetato o gluconato (no
dependientes del hígado), reducen la carga de cloro y, en algunos casos,
contienen magnesio. El contenido de potasio sigue siendo bajo. Su principal
limitación es la disponibilidad y el costo.
¿Entonces, cuál liquido
usar?
La tendencia
internacional se alinea con el uso de soluciones cristaloides isotónicas
balanceadas (LR, Plasma-Lyte) como primera línea. La SSN es válida si es lo
único disponible, pero sus efectos ácido-base y renales deben ser conocidos por
quien la administra.
Evitar soluciones
hipotónicas, como Dextrosa al
5% sola, ya que agravan el edema celular y no expanden el volumen
intravascular.
¿Cuándo iniciar?
Lo más pronto
posible. Idealmente antes de
liberar al paciente. Si la escena lo permite, la administración anticipada
puede amortiguar el impacto hemodinámico y metabólico de la reperfusión.
¿Cuánto fluido
administrar?
- Bolo inicial: 1–1.5 L lo más rápido posible
(idealmente antes de la liberación).
- Mantenimiento: 1–1.5 L/h durante las primeras horas.
- Objetivo: Mantener diuresis ≥ 100–200 mL/h (óptimo: >2 mL/kg/h) como
estrategia nefroprotectora frente a la mioglobina.
- Monitoreo: Vigilancia estrecha de sobrecarga de
volumen, especialmente en pacientes con comorbilidades.
Volumen total
estimado: Es común requerir
10–12 L en las primeras 24 horas.
En el síndrome de
aplastamiento, no se trata solo de elegir un líquido. Se trata de entender su
impacto fisiológico, su momento de administración y su integración al manejo
integral del paciente. Resucitar con inteligencia es tan importante como
hacerlo con velocidad.
Triaje y
Transporte: Decisiones que Salvan o Condenan
En el caos de un
evento de múltiples víctimas, el triaje inicial, el transporte ágil y la
reevaluación clínica continua no son simples acciones logísticas: son
decisiones de vida o muerte. En el síndrome de aplastamiento, donde la ventana
terapéutica es estrecha y las complicaciones letales pueden surgir en minutos
tras la liberación, la precisión del triaje y la capacidad de evacuar
rápidamente definen la línea entre supervivencia y letalidad.
El triaje en el
lugar del incidente suele estructurarse en tres o cuatro categorías
funcionales:
- Inmediatos: Requieren intervención y evacuación
urgente. Son pacientes con riesgo vital pero potencialmente salvables si
se actúa rápido: lesiones torácicas o abdominales controlables, signos de
hipovolemia sin colapso, o atrapamientos prolongados con riesgo de
liberación inminente.
- Tardíos (o demorados): Pueden esperar estabilización en el
sitio o ser evacuados en una segunda ola. Generalmente con fracturas
estables, lesiones que no comprometen órganos vitales o que responden bien
a soporte inicial.
- Menores (o ambulatorios): No requieren intervenciones mayores ni
hospitalización inmediata. Su presencia en la escena puede saturar
recursos si no se clasifican y liberan rápidamente.
- Expectantes: Aquellos con probabilidad extremadamente
baja de supervivencia dadas las condiciones actuales. Pacientes con paro
cardíaco sin respuesta, trauma craneoencefálico severo, quemaduras
extensas con fallo orgánico, o shock refractario. No son abandonados: se
prioriza el cuidado paliativo y el confort en lo posible.
La reevaluación es
obligatoria. El estado clínico
cambia, y la clasificación también. Numerosos pacientes catalogados como
“expectantes” han sobrevivido tras un manejo adecuado o condiciones mejoradas.
El retriaje constante es una medida de humanidad y medicina basada en dinámica
clínica.
Logística del
Transporte: No Todos Llegarán
Los datos históricos
son reveladores. En eventos masivos como terremotos:
- Entre 80 y 85% de los pacientes
solo requieren atención básica.
- Solo entre 15 y 20% necesitan
hospitalización, procedimientos quirúrgicos o soporte de órganos.
- La tasa de mortalidad crítica se
concentra en este último grupo.
En las primeras horas
posteriores al evento, suelen llegar al hospital los pacientes más livianos
(los que logran evacuar por sus propios medios o con ayuda limitada). Esta
primera ola tiene mejor pronóstico. La segunda ola, que llega entre 6 y
12 horas más tarde, contiene a los más graves: aplastamientos prolongados,
insuficiencia respiratoria, hiperkalemia, shock, o fallo renal incipiente. Si
el hospital está saturado por la primera ola, los recursos para atender a los verdaderamente
críticos ya no estarán disponibles.
Algunos hospitales han
establecido áreas de triaje externas o carpas satélites, evitando así
que pacientes con lesiones menores ingresen y colapsen las salas de urgencias.
El Transporte
Secundario: Un Desafío de Medicina Crítica en Movimiento
La evacuación de un
paciente con síndrome de aplastamiento no es una simple transferencia: es un
proceso de traslado con soporte avanzado. La hiperkalemia, la
posibilidad de arritmias, la mioglobinuria progresiva, el shock distributivo o
hipovolémico, e incluso la necesidad de ventilación mecánica, pueden convertir
el transporte en una unidad de cuidados intensivos móvil. Si no se cuenta con
soporte apropiado, se debe reevaluar la indicación de traslado.
En escenarios de
recursos colapsados, el triaje de transporte puede implicar decisiones
éticas complejas: ¿quién tiene probabilidad real de sobrevivir el traslado
y recibir tratamiento definitivo? En esos casos extremos, es posible que
pacientes con mal pronóstico (PCR sin recuperación, trauma encefálico masivo,
shock irreversible, quemaduras >80% con inestabilidad hemodinámica) no sean
priorizados para transporte secundario.
Hiperkalemia un reto
cuando no hay suficiente información
Recordemos el
contexto: tras la liberación de un paciente con aplastamiento prolongado, se
espera una liberación masiva de potasio (K+) desde las células musculares
dañadas hacia la circulación. Esta hiperkalemia aguda puede causar arritmias
letales en minutos.
¿Cuándo Tratar
Empíricamente (Sin Laboratorios)?
El tratamiento
empírico (basado en la sospecha) se debe considerar antes o inmediatamente
después de la liberación en pacientes con alto riesgo. Los factores
que aumentan la sospecha y justifican el tratamiento son:
- Duración del Aplastamiento: Generalmente > 4-6 horas, pero
considerar riesgo significativo incluso con > 1-2 horas si la
masa muscular es grande.
- Masa Muscular Afectada: Aplastamiento de extremidades inferiores,
pelvis, o tronco implica mayor riesgo que una extremidad superior pequeña
o dedos.
- Signos de Lesión Tisular Severa: Deformidad evidente, ausencia de pulso
distal (antes de la liberación), pérdida de función motora/sensitiva en la
zona atrapada.
- Contexto: Paciente atrapado en derrumbe, accidente
industrial/agrícola pesado, etc.
- Monitorización EKG: Lo mínimo requerido es al menos un
monitor para determinar cambios sugestivos de hiperkalemia (ondas T
picudas y estrechas, intervalo PR prolongado, QRS ensanchado, ondas P
aplanadas, patrón sinusoidal), el tratamiento es mandatorio e inmediato.
Importante: Un EKG normal NO descarta hiperkalemia
severa.
Manejo
Prehospitalario de la Hiperkalemia Sospechada ("Qué, Cuánto y
Cuándo")
El objetivo es triple:
1) Estabilizar el miocardio, 2) Redistribuir el K+ al interior a las células, y
3) (A largo plazo) Eliminar el K+ (esto último es principalmente hospitalario,
pero la fluidoterapia ayuda).
1. Estabilización
de la Membrana Cardíaca (¡Prioridad #1!)
- Qué: Calcio (Gluconato de Calcio o Cloruro de Calcio). No
baja los niveles de K+, pero protege al corazón de sus efectos tóxicos.
- Elección:
- Gluconato de Calcio al 10%: Más seguro por vía periférica (menos
irritante si hay extravasación). Es la opción más común prehospitalaria
si no hay paro cardíaco inminente.
- Cloruro de Calcio al 10%: Contiene aprox. 3 veces más calcio
elemental por mL y actúa más rápido. Preferido en paro cardíaco o si hay
vía central. Usar con MUCHA precaución por vía periférica (riesgo alto de
necrosis tisular si extravasa). No está disponible en la mayoría de los países
de Latinoamérica ni siquiera en los hospitales
- Cuánto (Dosis Adulto):
- Gluconato de Calcio 10%: 1 gramo (1 ampolla de 10 mL) IV,
administrar LENTAMENTE durante 5-10 minutos. Se puede repetir la dosis en
5-10 minutos si no hay mejoría clínica o si persisten cambios graves en
el EKG (si está disponible).
- Cloruro de Calcio 10%: 500 mg - 1 gramo (5-10 mL) IV,
administrar LENTAMENTE durante 5-10 minutos.
- Cuando: Administrar justo antes de la extracción si se anticipa
alto riesgo y se tiene acceso IV, o inmediatamente después de la
liberación tan pronto como sea posible. Es la primera medida
farmacológica crítica.
2. Desplazamiento
de Potasio hacia el Interior de las Células
Estas medidas bajan
temporalmente el nivel de K+ sérico. Se usan en conjunto con el calcio.
- Bicarbonato de Sodio (NaHCO₃)
- Mecanismo: Aumenta el pH sanguíneo, lo que promueve
la entrada de K+ a las células a cambio de H+. También ayuda a tratar la
acidosis metabólica del crush.
- Cuánto (Dosis Adulto): 1 mEq/k (cada ampolla de Bicarbonato
de sodio tiene una presentación de 10 mEq en 10 ml) El bicarbonato de sodio requiere administración intravenosa
lenta. Se debe evitar rigurosamente la infusión concomitante de
bicarbonato de sodio y sales de calcio a través del mismo lumen vascular
debido a incompatibilidad fisicoquímica. Esta interacción genera un
precipitado de carbonato de calcio (CaCO3), una sustancia insoluble con
potencial para ocluir el catéter, comprometer la administración de
medicamentos subsiguientes y causar flebitis o tromboflebitis. La
estrategia preventiva de elección es el uso de accesos vasculares
dedicados. En caso de emplear una vía única, resulta indispensable un
lavado intravascular (flush) meticuloso con solución salina isotónica
(SSN 0.9%) antes y después de cada agente incompatible, así como
garantizar un intervalo temporal adecuado entre sus respectivas
infusiones.
- Cuando: Administrar después del Calcio. Puede ser particularmente útil si
se sospecha acidosis severa concomitante.
- Precaución: La administración de
bicarbonato de sodio, especialmente en bolos rápidos, puede generar una
carga aguda de CO₂ como producto del tampón ácido-base, lo cual puede
precipitar una acidosis respiratoria paradójica, particularmente en
pacientes con ventilación espontánea inadecuada o con reserva
respiratoria limitada. En pacientes críticamente enfermos, este fenómeno
puede descompensar el equilibrio ácido-base en lugar de mejorarlo. Por
ello, cuando se considere el uso de bicarbonato, es indispensable evaluar
la función ventilatoria, y en algunos casos, puede ser necesario asegurar
la vía aérea o ajustar los parámetros del soporte ventilatorio para
permitir una adecuada eliminación del CO₂ generado.
- Qué: Beta-2 Agonistas (Salbutamol / Albuterol)
- Mecanismo: Estimula la bomba Na+/K+ ATPasa, introduciendo
K+ a las células.
- Cuánto (Dosis Adulto): 10 a 20 mg nebulizados durante
10-15 minutos. ¡Ojo! Es una dosis 4-8 veces mayor que la usada para el
asma.
- Cuando: Puede administrarse de forma concurrente con las otras medidas.
Su efecto inicia en unos 15-30 minutos.
- Insulina Cristalina + Glucosa (Dextrosa)
- Mecanismo: La insulina activa la bomba Na+/K+
ATPasa, siendo muy efectiva para introducir el K+ a las células.
- Cuánto (Dosis Adulto): 10 unidades de Insulina Regular IV
SEGUIDAS INMEDIATAMENTE por 25 gramos de Glucosa (ej: 50 mL de
Dextrosa al 50%) IV. ¡Es CRUCIAL administrar la glucosa para prevenir
hipoglucemia severa! Algunos protocolos prefieren Dextrosa al 10% o 20%.
- Cuándo: Es una medida muy efectiva, pero por el riesgo de hipoglucemia y
la necesidad de monitorización, a menudo se reserva para paramédicos
avanzados, transportes prolongados o el ámbito hospitalario. Si se
administra prehospitalariamente, la monitorización de glucosa (si es
posible) es ideal.
3. Fluidoterapia
Agresiva (Manejo Concomitante)
- Qué: Solución cristaloide isotónica (preferiblemente balanceada como
Ringer Lactato o SSN 0.9% si no hay otra opción, como previamente se discutió).
- Cuánto: Bolos iniciales (1-1.5 L) y luego infusión rápida (1-1.5 L/hr)
ajustada a la respuesta hemodinámica y buscando diuresis >100-200 mL/hr
(si se puede medir).
- Cuando: Iniciar ANTES de la liberación si es posible y continuar
agresivamente.
- Importancia para K+: Ayuda a diluir el K+ sérico y promueve su
excreción renal (si la función renal se preserva).
Secuencia y
Prioridades Prehospitalarias (Sin Labs):
- ¡FLUIDOS! (Idealmente pre-liberación).
- CALCIO: Inmediatamente pre/post-liberación para proteger el corazón.
- BICARBONATO / SALBUTAMOL: Administrar inmediatamente después del
calcio para empezar a reducir el K+.
- INSULINA + GLUCOSA: Considerar si está dentro del protocolo,
el nivel de proveedor lo permite y se puede manejar el riesgo de
hipoglucemia.
- Transporte Rápido: A un centro capaz de manejar estas
complicaciones (diálisis, cuidados intensivos).
Consideraciones:
- Este manejo es empírico, basado en
un alto índice de sospecha en una situación de vida o muerte.
- La monitorización continua de signos
vitales es esencial. Si hay monitor EKG, observar la respuesta a las
intervenciones.
- La comunicación con el hospital receptor
es clave para que estén preparados.
el síndrome de aplastamiento e
isquemia-reperfusión se revela no solo como una emergencia médica de alta
complejidad, sino como un adversario fisiopatológico definido por su paradoja
letal: "el enemigo que despierta al liberar al paciente". Desde la
descripción pionera de Bywaters en los escombros de la guerra hasta las
complejidades moleculares de la tormenta bioquímica que sigue a la reperfusión,
hemos desgranado un proceso donde la anticipación es la clave maestra de la
supervivencia. La comprensión profunda de esta cascada —desde la isquemia
silenciosa hasta el colapso sistémico— debe traducirse en acciones
prehospitalarias y hospitalarias decisivas, proactivas y basadas en la
evidencia. La fluidoterapia agresiva y precoz, la monitorización electrocardiográfica
vigilante, la estabilización inmediata de la membrana miocárdica con calcio
ante la mínima sospecha de hiperkalemia, y un manejo sistemático del triaje y
transporte no son meras recomendaciones, sino imperativos clínicos y éticos.
Dominar este síndrome, en toda su desafiante dimensión, trasciende el
conocimiento académico; es una herramienta fundamental y una responsabilidad
ineludible para quienes responden en la primera línea, enfrentando el caos con
ciencia, preparación y la determinación de cambiar el pronóstico de aquellos
atrapados entre la vida y la liberación.
Lecturas
Recomendadas
Artículos
Fundamentales e Históricos:
- Bywaters EG, Beall D. (1941). Crush Injuries with Impairment
of Renal Function. Br Med
J; 1(4185):427-432.
- Importancia: El artículo original que describió
clínicamente la asociación entre el aplastamiento muscular masivo y la
insuficiencia renal aguda. Lectura obligada para entender el origen del
concepto.
- Peiris D. (2017). A historical perspective on
crush syndrome: the clinical application of its pathogenesis, established
by the study of wartime crush injuries. J Clin Pathol; 70(4):277-281.
- Importancia: Ofrece una excelente revisión histórica
y contextualiza el trabajo pionero de Bywaters.
Revisiones
Generales y Guías de Manejo:
- Sever MS, Vanholder R, RDRTF of
ISN Work Group on Recommendations for the Management of Crush Victims in
Mass Disasters. (2012). Recommendation for the management of crush victims in mass
disasters. Nephrol Dial
Transplant; 27 Suppl 1:i1-i67.
- Importancia: Guía exhaustiva y basada en evidencia
para el manejo en situaciones de desastre, cubriendo desde el rescate
hasta el tratamiento hospitalario. Fundamental.
- Sever MS, Vanholder R. (2013). Management of crush victims in
mass disasters: highlights from recently published recommendations. Clin J Am Soc Nephrol; 8(2):328-335.
- Importancia: Un resumen más conciso de las
recomendaciones clave de la guía anterior.
- Malinoski DJ, Slater MS,
Mullins RJ. (2004). Crush injury and rhabdomyolysis. Crit Care Clin; 20(1):171-192.
- Importancia: Una revisión enfocada en la perspectiva
de cuidados críticos, detallando la fisiopatología y manejo de la
rabdomiólisis.
- Gibney RT, Sever MS, Vanholder
RC. (2014).
Disaster nephrology: crush injury and beyond. Kidney Int; 85(5):1049-1057.
- Importancia: Amplía la perspectiva nefrológica en
desastres, con un fuerte enfoque en el crush syndrome.
- Walters TJ, Powell D, Penny A,
et al. (2016).
Management of Crush Syndrome Under Prolonged Field Care. J Spec Oper Med; 16(4):79-84.
- Importancia: Muy relevante para el ámbito
prehospitalario y de cuidados prolongados en campo, con recomendaciones
prácticas.
- Genthon A, Wilcox SR. (2014). Crush syndrome: a case report
and review of the literature. J Emerg Med; 46(2):313-319.
- Importancia: Combina un caso clínico con una
revisión, lo que puede facilitar la comprensión práctica.
Fisiopatología y
Complicaciones Clave (Rabdomiólisis, LRA, Síndrome Compartimental):
- Slater MS, Mullins RJ. (1998). Rhabdomyolysis and
myoglobinuric renal failure in trauma and surgical patients: a review. J Am Coll Surg; 186(6):693-716.
- Importancia: Una revisión clásica y detallada sobre
la rabdomiólisis y la lesión renal asociada en el contexto del trauma.
- Gunal AI, Celiker H, Dogukan A, et al.
(2004). Early and vigorous fluid
resuscitation prevents acute renal failure in the crush victims of
catastrophic earthquakes. J
Am Soc Nephrol; 15(7):1862-1867.
- Importancia: Estudio clave que demuestra el beneficio
crítico de la fluidoterapia precoz y agresiva para prevenir la LRA,
apoyando directamente nuestra discusión sobre fluidos.
- Garner MR, Taylor SA, Gausden
E, Lyden JP. (2014). Compartment syndrome: diagnosis, management, and unique concerns
in the twenty-first century. HSS J; 10(2):143-150.
- Importancia: Revisión actualizada sobre el síndrome
compartimental, una complicación frecuente y grave post-reperfusión.
- Reis ND, Better OS. (2005). Mechanical muscle-crush injury and acute muscle-crush compartment
syndrome: with special reference to earthquake casualties. J Bone Joint Surg Br; 87(4):450-453.
- Importancia: Enfoca específicamente la relación entre
aplastamiento, lesión muscular y síndrome compartimental.
Contexto de
Desastres y Estudios Epidemiológicos:
- Oda J, Tanaka H, Yoshioka T, et
al. (1997).
Analysis of 372 patients with Crush syndrome caused by the Hanshin-Awaji
earthquake. J Trauma; 42(3):470-475.
- Importancia: Un análisis epidemiológico de un gran
número de casos en un desastre real, mostrando la magnitud del problema.
- Sever MS, Erek E, Vanholder R, et al.
(2001). The Marmara earthquake:
epidemiological analysis of the victims with nephrological problems. Kidney Int; 60(3):1114-1123.
- Importancia: Otro estudio epidemiológico crucial de
un gran terremoto, detallando las complicaciones renales.


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